¿Todo el diezmo es para el pastor?

“El diezmo es para el sostenimiento del ministerio ordenado”. Esta es la afirmación que alguien publicó en las redes sociales. ¿Realmente es así? Uno de mis antiguos estudiantes de la Academia Bíblica Pésher, Abiezer Díaz, dio una excelente respuesta:

“¡No! El diezmo no era para sostener a los ‘ministros ordenados’, ¡era para sostener toda la operación del templo! El diezmo, junto con las ofrendas y sacrificios se usaban para sostener todo el aparato religioso. Si extrapolamos el diezmo del Antiguo Testamento al presente se debe ver como una acción de fe, pero también como un medio para sostener la obra. El diezmo (y las ofrendas) no son el sueldo del pastor (o, al menos, no debería ser así), es la forma en la que se sostiene TODO nuestro sistema religioso”.

Desde mi época de estudiante, en el Instituto Bíblico (2001-2003, institución interdenominacional), he criticado a algunas denominaciones cristianas que tienen estipulados en sus reglamentos que el diezmo en su totalidad es el sueldo del pastor. Esa es la razón para que muchos pastores, a la hora de recoger las ofrendas y diezmos, lean el emblemático pasaje de Malaquías 3:8-12 y adviertan a la feligresía sobre el “robo a Dios”.

Mi comentario al post de Abiezer Díaz fue:

“El problema con muchas congregaciones es que el diezmo de los miembros es el sueldo del pastor, mientras que las ofrendas son para el sostenimiento del templo y los ministerios. Sin embargo, yo enseño que todos los ingresos económicos (incluyendo los diezmos) deben ir a la tesorería y se le asigna un sueldo mensual al pastor (a tiempo completo) con todos los beneficios de ley».

Un hermano respondió a mi comentario. Sus palabras fueron:

“Hay un detalle. No todas las congregaciones tienen el mismo ingreso. Todo depende de los diferentes contextos económicos. Hay iglesias que apenas tienen capacidad ni para dar todo lo que necesita el pastor”.

Ese comentario hizo que escribiera los siguientes párrafos:

Saludos. Aquí entramos al campo de la administración eclesiástica. Las Iglesias neotestamentarias (congregaciones locales) eran gobernadas por los ancianos (que eran llamados también obispos y cumplían la función pastoral, véase Hechos 20:17-38, y otros textos del NT). Aquí descartamos a los apóstoles porque no había apóstoles en cada iglesia local. Por tanto, en cada congregación había ancianos gobernantes (plural, no un solo anciano) que cumplían la función pastoral. El apóstol Pablo dice que a los “ancianos gobernantes” que cumplen bien su función de administrar, predicar y enseñar se les debe dar su “ofrenda” (véase 1 Timoteo 5:17). No dice a un pastor, sino a los ancianos-pastores. En cada congregación debe existir varios ancianos que cumplan la función pastoral, y la mayoría lo hace ad honorem, como su servicio y gratitud a Dios.

Con el paso de los siglos se profesionalizó la idea del anciano/presbítero, y también se individualizó: un presbítero por iglesia local, pero eso no es el modelo del Nuevo Testamento. Sin embargo, ¿para qué se contrata al “anciano/pastor profesional”? Para que haga las funciones de que los otros ancianos por cuestión de tiempo y trabajo no pueden hacerlo. Y por esos servicios se le da una ofrenda extra (que en la mayoría de los casos equivale a un sueldo). Pero téngase en cuenta que ese “anciano/pastor profesional” tiene el mismo poder y capacidad de decisión que los otros “ancianos gobernantes” laicos. En otras palabras, el pastor contratado es un anciano más entre los demás ancianos, por tanto, el pastor no debe “enseñorearse de la congregación” (véase 1 Pedro 5:1-4).

Por otro lado, ¿qué cuándo una Iglesia es pequeña o demasiado pobre como para contratar a un “pastor profesional”? Hay por lo menos 3 opciones:

1) La Iglesia no debe contratar a un pastor y que los ancianos deben cumplir por rol o lista las prédicas, enseñanzas y visitas.

2) Que la Iglesia haga un presupuesto y proyección de sus finanzas mensuales, y destine una parte del dinero como ofrenda al pastor, con la estipulación que esa ofrenda puede incrementarse al siguiente año según suban las finanzas (esto se puede hacer hasta que la Iglesia sea solvente y pueda pagar un sueldo digno).

3) Que la Iglesia, según sus finanzas, pueda hacerle una especie de “contrato” a medio tiempo (o menos, o por horarios específicos). De este modo, el pastor recibe su ofrenda y puede dedicarse a otra labor para su sustento (como Pablo).

A todo lo anterior, tenemos un problema los que estudiamos teología de manera profesional. Y estudiar teología no es barato y, se requiere constante capacitación y sacar la licenciatura y la maestría, incluso algunos pastores tienen el doctorado en ministerio o teología. Por eso, todo aquel que estudia teología no debe hacerlo con la motivación de generar dinero, porque lo hacemos por el servicio a Dios y amor a la Iglesia. Y si un graduado en teología no puede conseguir un trabajo ministerial con sueldo digno, puede ser bivocacional. Él puede tener otra profesión u oficio.

En conclusión, no es correcto, desde el punto administrativo y ético, que el pastor se quede con todos los diezmos que se da en la congregación.

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